Networking 2.0: el factor humano detrás de la venta

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TRIBU Tech LatamNetworking, Producto Digital· 24 de junio, 2026

Durante mucho tiempo, hablar de networking significaba pensar en eventos multitudinarios, intercambio de tarjetas, conversaciones rápidas y una acumulación de contactos que rara vez se transformaban en vínculos reales.

La digitalización amplió enormemente las posibilidades de conexión. Hoy podemos encontrar a casi cualquier persona, escribirle directamente y conocer su trayectoria antes de iniciar una conversación. Sin embargo, esa facilidad también convirtió muchas interacciones en movimientos automáticos, impersonales y transaccionales.

Conectar es más sencillo. Construir confianza, no.

En la última #DOMOTalk, Ignacio González, fundador de Hillstrad y ex cónsul de Uruguay en San Francisco, compartió algunos de los aprendizajes que obtuvo durante años conectando empresas latinoamericanas con el ecosistema tecnológico de Estados Unidos.

Su principal conclusión puede resumirse en una idea: el networking no es una actividad puntual, sino una infraestructura que se construye durante toda la vida profesional.

Una red es un activo acumulativo

Las relaciones profesionales no suelen producir resultados inmediatos.

Una conversación puede no generar ninguna oportunidad en el momento, pero sí abrir la puerta a otra persona, otro ecosistema o una posibilidad que aparecerá varios años después. Con el tiempo, cada vínculo puede conectarse con otros y aumentar el alcance de toda la red.

Por eso, Ignacio define el networking como un activo acumulativo. Cuanto más se desarrolla, mayor es su capacidad de generar nuevas conexiones.

Muchas veces, cuando alguien reconstruye el camino que lo llevó hasta una determinada persona u oportunidad, descubre una cadena difícil de anticipar: un contacto presentó a otro, esa persona abrió una nueva conversación y esa conversación condujo a un lugar que inicialmente parecía inaccesible.

Existe una cuota de casualidad, pero también una intención sostenida.

Una red profesional no aparece espontáneamente. Requiere tiempo, atención, seguimiento y, en algunos casos, inversión económica. De la misma manera que una organización destina recursos a construir su marca, desarrollar productos o diseñar canales de distribución, también debería trabajar conscientemente en la construcción de relaciones.

Porque una red puede convertirse, en sí misma, en una infraestructura de distribución para las ideas, el conocimiento y los negocios.

Del networking reactivo al networking consciente

Uno de los errores más frecuentes es comenzar a relacionarse cuando aparece una necesidad concreta.

Buscar inversores cuando falta capital. Contactar potenciales clientes cuando bajan las ventas. Volver a escribirle a alguien únicamente cuando se necesita una presentación.

Ese networking reactivo suele llegar tarde.

La construcción de relaciones debe ser constante y comenzar mucho antes de que exista una necesidad específica. No se trata de hablar con todas las personas ni de asistir a todos los eventos, sino de mantener una actitud activa frente a los vínculos profesionales.

Para Ignacio, el networking efectivo debe ser consciente, selectivo y flexible.

Consciente, porque tiene que existir una intención detrás de cada acercamiento. Selectivo, porque el tiempo y la atención son recursos limitados. Y flexible, porque las formas de construir confianza cambian según la persona, el contexto y la cultura.

La manera de relacionarse en América Latina no necesariamente funciona de la misma forma en Estados Unidos, Europa o Asia. Los códigos, las referencias y las expectativas pueden ser diferentes.

Adaptarse no significa actuar de manera artificial. Significa comprender a la persona que está del otro lado y evitar que las particularidades culturales se conviertan en fricciones innecesarias.

La presencialidad todavía construye algo diferente

Las reuniones virtuales hicieron posible trabajar y relacionarnos desde cualquier lugar. También redujeron costos, aceleraron procesos y facilitaron el acceso a personas que antes parecían lejanas.

Pero no todas las interacciones son equivalentes.

Durante su etapa en San Francisco, Ignacio recuerda haber conducido varias horas para mantener reuniones presenciales que también podrían haberse realizado virtualmente. No buscaba solamente intercambiar información: quería compartir un café, generar cercanía y construir un vínculo más profundo.

La tecnología puede resolver la conversación. La presencialidad, muchas veces, construye la relación.

Presentarse físicamente también implica demostrar interés. Hay un mensaje implícito en quien decide trasladarse, dedicar tiempo y estar disponible para encontrarse con otra persona.

En una época dominada por la eficiencia, esa disposición puede convertirse en una señal de compromiso difícil de replicar a través de una pantalla.

Estar presente crea oportunidades inesperadas

Una de las historias compartidas durante el encuentro refleja el valor de estar disponible incluso cuando una actividad parece poco prometedora.

Mientras trabajaba como cónsul, Ignacio debía acompañar una delegación a diferentes reuniones relacionadas con derechos humanos. El tema estaba alejado de su trabajo habitual con empresas tecnológicas y, inicialmente, consideró no asistir.

Finalmente decidió participar en una de las reuniones en las oficinas de Twitter.

Horas antes del encuentro recibió un mensaje: existía la posibilidad de que Elon Musk estuviera presente. Después de una larga espera, Musk apareció y mantuvo una conversación de aproximadamente 45 minutos con la delegación.

El encuentro fue completamente inesperado, pero solo fue posible porque Ignacio decidió estar allí.

No todas las reuniones generan una historia extraordinaria. Sin embargo, muchas oportunidades aparecen en espacios a los que inicialmente no queríamos ir, en conversaciones que parecían irrelevantes o a través de personas que no figuraban en nuestros planes.

La serendipia necesita presencia.

Los verdaderos enemigos del networking

La falta de tiempo no siempre es la principal barrera para construir una red. Con frecuencia, los obstáculos son más personales.

El primero es el ego: creer que ya conocemos a todas las personas relevantes o que nuestra posición hará que los demás se acerquen automáticamente.

El segundo es el miedo al rechazo. La posibilidad de no recibir una respuesta, no ser reconocido o sentir que no pertenecemos a determinado espacio puede impedirnos iniciar una conversación.

También aparece la comodidad. Elegir sistemáticamente la reunión virtual, evitar un evento porque queda lejos o no acercarse a una persona para evitar un momento incómodo.

Finalmente, existe el temor a que otros abusen de nuestra generosidad. Compartir contactos implica asumir cierto riesgo, especialmente cuando alguien pide acceso demasiado rápido a una relación que nos llevó años construir.

Ignacio utiliza una imagen clara para explicar esta responsabilidad: “Los contactos son cristales”.

Una presentación no es simplemente reenviar un correo. Cada introducción involucra la reputación de quien conecta a las partes. Por eso, una red debe abrirse con generosidad, pero también con criterio.

Dar antes de pedir

El networking pierde valor cuando todas las relaciones comienzan con una solicitud.

Una forma más efectiva de construir confianza consiste en abrirse primero: compartir información, realizar una presentación útil, acercar una oportunidad o demostrar interés genuino por el trabajo de la otra persona.

Dar primero no garantiza reciprocidad inmediata. Tampoco significa ofrecer acceso ilimitado a toda la red. Implica crear una dinámica en la que la relación no esté sostenida únicamente por lo que esperamos obtener.

La confianza necesita cierta vulnerabilidad. Alguien tiene que dar el primer paso.

Cuando una persona comparte antes de pedir, también acelera la construcción del vínculo. Demuestra que no llegó exclusivamente para vender, conseguir una reunión o utilizar la agenda ajena.

El networking puede tener una intención profesional sin convertirse en una interacción puramente utilitaria.

El networking también se aprende

Existe una idea extendida de que las personas extrovertidas tienen una ventaja natural para construir relaciones. Sin embargo, muchas de las habilidades necesarias pueden desarrollarse.

Ignacio se define como una persona introvertida. Antes de llegar a San Francisco, ni siquiera consideraba necesario tener LinkedIn. Tenía un trabajo estable dentro de la carrera diplomática y no veía motivos para ampliar su red profesional.

Su nuevo rol lo obligó a modificar esa lógica. Para conectar empresas uruguayas con uno de los ecosistemas tecnológicos más importantes del mundo, necesitaba acercarse a personas, iniciar conversaciones y exponerse a situaciones incómodas.

No inventó un personaje. Simplemente permitió que apareciera una capacidad social que hasta ese momento había permanecido contenida.

El networking no requiere convertirse en la persona más sociable de una sala. A veces comienza con algo mucho más pequeño: levantar la mirada, reconocer a alguien, hacer una pregunta o animarse a iniciar una conversación.

La incomodidad no desaparece necesariamente. Se aprende a actuar a pesar de ella.

Una buena historia abre conversaciones

La construcción de relaciones también depende de la capacidad de explicar quiénes somos.

Todas las personas y todas las empresas tienen una historia. La diferencia está en la claridad con la que consiguen contarla.

Un relato personal debería poder transmitir de dónde venimos, qué hacemos, qué nos interesa, qué nos apasiona y hacia dónde queremos avanzar. No como un discurso rígido, sino como una narrativa coherente que ayude a los demás a comprendernos.

Por eso, Ignacio recomienda trabajar y ensayar el storytelling profesional.

Ensayar no significa perder autenticidad. Significa evitar una explicación desordenada, extensa o difícil de recordar. El objetivo no es memorizar un pitch, sino identificar qué elementos de nuestra trayectoria permiten generar una conexión.

En este punto, recomienda Made to Stick, de Chip y Dan Heath, un libro centrado en comprender por qué algunas ideas permanecen en la memoria mientras otras desaparecen.

Una buena historia no solo informa. También ayuda a que la otra persona encuentre un punto de contacto.

Encontrar algo en común

Una relación profesional se transforma cuando las personas descubren un interés compartido.

Ese punto en común puede aparecer en una especialidad técnica, un deporte, una experiencia migratoria, una causa social, un proyecto de voluntariado o cualquier otra dimensión personal.

Cuando eso sucede, la interacción deja de estar limitada a una posible transacción.

La persona que estaba del otro lado ya no es solamente un potencial cliente, socio o inversor. Se convierte en alguien con una historia, intereses y motivaciones reconocibles.

El factor humano no reemplaza la propuesta de valor ni la calidad del trabajo. Pero muchas veces determina si alguien estará dispuesto a escucharlas.

Una actividad que comienza, pero no termina

Nunca se está completamente conectado.

Siempre existen nuevos ecosistemas, generaciones y personas por conocer. Por eso, construir una red no puede entenderse como un objetivo que eventualmente se completa.

Es una práctica continua.

El networking 2.0 no consiste en acumular seguidores ni en asistir compulsivamente a eventos. Consiste en desarrollar relaciones con intención, generosidad y criterio. En animarse a estar presente, compartir antes de pedir y cuidar cada contacto como parte de una infraestructura construida a largo plazo.

Porque detrás de cada venta, alianza u oportunidad continúa existiendo el mismo elemento fundamental: una persona decidiendo confiar en otra.


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